jueves, 20 de octubre de 2011

bestia...

No era la primera vez que el a su hogar llegaba borracho, su mujer lo esperaba en su habitación asustada, en la mañana habían discutido como cualquier pareja, pero siempre con el alcohol en el cuerpo su esposo se ponía más violento. Los golpes azotaron su cuerpo lágrimas y gritos salieron de ella, su cara estaba lleva de ira, él era una bestia

Al verla tirada en la cama llorando la compasión le volvió al cuerpo- perdón.- Mascullo, ella lo miro de reojo-déjame, no me hables no quiero saber nada de ti, estoy harta de tu bipolaridad-respondió ella tapándose el rostro golpeado con una almohada- por favor escucha… quiero que volvamos hacer la pareja feliz de antes- las lágrimas volvieron a caer por su mejillas al recordar lo feliz que era con ese hombre, pero al pasar los años se volvió desconfiado y violento. Se acostó junto a ella y la abrazo fuerte, nuevamente lo había perdonado.

“Lo que pasa una vez siempre pasa una vez más”

Su mente la tortura con imágenes de su marido prácticamente matándola en sus sueños, pego un salto y se vio en su habitación junto a su marido “me tengo que ir de aquí” pensó, se levantó de la cama- ¿a dónde vas?-pregunto su marido prendiendo la luz- me voy de aquí no soporto más esto-dijo tirando la argolla de matrimonio hacia la cama- no, tú no te vas de aquí… porque tú me perteneces- dijo levantándose de la cama- estás loco yo no te pertenezco y ahora me voy de aquí- no escúchame tú te vas a quedar aquí y vamos hacer una familia feliz como lo habíamos planeado ¿entiendes?... ahora amor acuéstate-dijo con voz nerviosa- no- mascullo ella- ¿Qué dijiste?- pregunto él- ya te dije no, tu y yo no tenemos nada tu a mí no me amas, me golpeas me tratas mal ¿eso es amor para ti?- respondido ella- ya cállate… si te amo y lo sabes amor- dijo agarrándole fuerte las manos- me haces daño – se quejó ella- no te vas a ir a ningún lado ya te lo dije.

Él le tomo el cuello y la comenzó ahorcar ella dio unos gritos ahogados, la mirada de él estaba llena de odio quería escapar de ese lugar- suéltame por favor- suplico casi sin aire- no hasta que me digas que eres solo mía- cuando termino su frase la mujer había cerrado sus ojos para siempre cayó al suelo, el levantó la cabeza con sus manos suavemente- mi amor despierta, no juegues- dijo el, pero ya era tarde la pesadilla de ella se había cumplido.

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