Las olas desembocan en la orilla de la larga costa, la playa estaba desierta solo mi cuaderno, mi lápiz, uno que otros amantes de verano y yo. Nada comparada con el tumulto que se formo en la tarde con los niños corriendo, los vendedores. Era tal la paz que se sentía sentada en la arena helada a las 22:30 que ni pensaba en la soledad que me rodeaba. Solo sentía el sonido de las olas y esa brisa fresca que desordena todo el cabello y te abre las ideas, con un dedo comencé a escribir mi nombre sobre la arena, junto a mi obra había una caracola. Levante la mirada hacia la luna que estaba en el centro del cielo cubierto de estrellas. Cerré mi ojos respire profundo y cuando los volví abrir estaba sentada en el jardín de mi casa sobre el pasto.
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